El Síndrome de la Impostora: una barrera invisible en mujeres de alto desempeño

«El “síndrome” impacta a alrededor de un 80 % de las ingenieras, independientemente del cargo y reconocimiento que hayamos alcanzado. Y no solo afecta nuestro bienestar interno, causándonos síntomas como ansiedad y otros, sino que también impacta nuestro desempeño profesional», Pilar Astudillo.

A muchas nos ha ocurrido: alcanzamos logros que objetivamente reflejan competencias y resultados, pero secretamente sentimos que no son suficientes, que era fácil, que tuvimos suerte y que, en cualquier momento, alguien nos “descubrirá”. Ese fenómeno tiene nombre: síndrome de la impostora.

Este “síndrome” no es propiamente un diagnóstico clínico (no está incluido en los manuales de salud mental), pero está íntimamente ligado a nuestras creencias, nuestras emociones, nuestra corporalidad y nuestra conducta. Fue descrito en los años setenta y, si bien no distingue género o niveles de estudios, hoy sabemos que afecta con mayor prevalencia a mujeres profesionales de alto rendimiento, especialmente en entornos altamente competitivos y masculinizados, como la ingeniería.
Sus raíces se relacionan con factores culturales y familiares: la autoexigencia, el perfeccionismo, la necesidad de validación externa y los estereotipos de género que nos hicieron creer que no éramos suficientes y que debíamos demostrar más que los demás para ser reconocidas.

Pero ¿por qué traemos este tema a este espacio? A partir de resultados de estudios serios, podemos inferir que el “síndrome” impacta a alrededor de un 80 % de las ingenieras, independientemente del cargo y reconocimiento que hayamos alcanzado. Y no solo afecta nuestro bienestar interno, causándonos síntomas como ansiedad y otros, sino que también impacta nuestro desempeño profesional: nos lleva a sobreprepararnos, a trabajar en exceso, a restar valor a nuestras ideas o a evitar postular a posiciones más desafiantes por miedo a fallar. Es una paradoja dolorosa: mujeres talentosas y capaces que dudan de sí mismas precisamente por su alto nivel de compromiso y excelencia.
Es un gran freno de mano que nos impacta a nosotras y también a la sociedad, que se ve privada de la real envergadura de nuestras capacidades y, en particular, de los grandes beneficios que aporta el liderazgo femenino en las organizaciones y en la sociedad en general.

En octubre de 2025 y en años anteriores, tuve el privilegio de facilitar un taller que aborda este fenómeno, organizado por la Red de Mujeres del Colegio de Ingenieros. La convocatoria superó todas las expectativas: 35 profesionales participaron activamente, compartiendo experiencias, reflexiones y una gran conexión. Pudimos constatar que es un tema importante para nuestra carrera y que es una experiencia compartida.

En el taller, revisamos que las causas radican en una autoexigencia y una autocrítica excesivas, y practicamos herramientas concretas para comenzar a gestionar esos patrones y ser más dueñas de nosotras mismas. El entusiasmo y la conexión de las participantes confirmaron la necesidad de seguir ampliando estos espacios. Por eso, decidimos realizar una próxima versión online del taller y así facilitar también el acceso a ingenieras de regiones.
El taller ha mostrado ser un paso valioso hacia la gestión de este fenómeno, cuya puerta de salida se abre desde dentro.

Autora:
Pilar Astudillo