La ingenería que heredamos: nuestra responsabilidad ante el Día del Medioambiente -Columna de Carolina Carolina Olivares

«Creo que un buen desafío para la ingeniería del siglo XXI es dejar de pensar solo en “proyectos”
y empezar a pensar en “legados”, Carolina Olivares.
Cada 5 de junio celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente y nos detenemos a pensar en
el futuro que estamos construyendo. Este 2026, con el foco puesto en la “Acción Climática”, el
mensaje es claro: no alcanza solo con reducir impactos. Tenemos que diseñar, de verdad, un
país y un planeta donde las próximas generaciones puedan vivir bien.
Como ingenieros e ingenieras en Chile, no somos simples observadores del cambio climático.
Somos quienes diseñamos los puentes, las plantas desalinizadoras, las redes eléctricas, las
ciudades y las industrias que van a definir si, en 2050, Chile será un territorio resiliente o uno
que sufra permanentemente las consecuencias.
Lo vemos todos los días: sequías que se alargan, glaciares que retroceden, el mar que sube y
los incendios que cada vez son más agresivos. Frente a esto, la ingeniería no puede
conformarse con cumplir la norma. Tiene que ir más allá y liderar el cambio.
Pensemos en un puente: se trata de más que solo de unir dos orillas. Podemos elegir
materiales con menor huella de carbono, incorporar sistemas de drenaje que se adapten a
lluvias extremas y poner sensores que alerten antes de un evento climático fuerte. Una planta
de tratamiento de aguas residuales puede hacer mucho más que limpiar el agua: puede
producir biogás, generar fertilizantes y cerrar ciclos que hoy estamos rompiendo.
En minería, un proyecto no tiene por qué ser sinónimo de impacto negativo. Es posible
diseñarlo con energía 100 % renovable, recirculación casi total del agua y un plan de cierre que
deje el lugar en mejores condiciones ambientales que cuando llegamos.
En Chile ya tenemos ejemplos que nos llenan de orgullo y esperanza: “Cerro Dominador”, la
primera planta de concentración solar de potencia en Latinoamérica, capaz de generar energía
incluso de noche gracias a su sistema de almacenamiento; “Cerro Pabellón”, la primera central
geotérmica operativa de Sudamérica; edificios que logran la Certificación CES (Certificación
Edificio Sustentable) y Certificación LEED (Leadership in Energy and Environmental Design)
priorizando eficiencia energética; y los avances en hormigón sustentable hecho con residuos
de construcción.
Estos proyectos demuestran que sí se puede ir más allá de un cumplimiento mínimo de
estándares. Ahora la tarea es multiplicarlos y hacerlos habitualmente, no como una excepción.
Creo que un buen desafío para la ingeniería del siglo XXI es dejar de pensar solo en “proyectos”
y empezar a pensar en “legados”. Cada decisión que tomamos en la etapa de diseño —desde
los materiales que elegimos hasta cómo simulamos el comportamiento del clima en las
próximas décadas— es, en el fondo, un beneficio o va en contra de las futuras generaciones.
Desde la “Comisión de Medio Ambiente del Colegio de Ingenieros de Chile A.G.”, queremos
hacer un llamado concreto:
- A nuestros colegiados y colegiadas: que incorporen criterios de adaptación y mitigación
climática en todos los proyectos que lideren o revisen, incluso cuando la normativa
todavía no lo exija. La ética profesional debe estar por encima del mínimo legal. - A las universidades: que fortalezcan la formación en ingeniería climática y economía
circular, que dejen de ser materias optativas y pasen a ser ejes centrales de la carrera. - A las empresas y al Estado: que exijan en las licitaciones ese sello de “ingeniería
regenerativa”, que valore no solo la rentabilidad económica, sino la recuperación real del
ambiente y el cuidado de las comunidades. - A toda la sociedad: que pidan a sus ingenieros e ingenieras que rindan cuentas del
impacto climático de sus obras. La transparencia ya es parte fundamental de la licencia
social para operar.
El Día Mundial del Medio Ambiente no es sólo una fecha en el calendario. Es una oportunidad
para que la ingeniería chilena se convierta en la solución más potente que tiene el país.
Porque el futuro se hereda con más solo con buenas intenciones: se diseña con cálculo, con
innovación y, sobre todo, con responsabilidad.
La ingeniería chilena tiene hoy en sus manos la posibilidad histórica de construir un Chile más
resiliente y verdaderamente sostenible.
Hoy es un buen día para reflexionar sobre esa responsabilidad.
Carolina Olivares
Vicepresidenta Comisión de Medio Ambiente Colegio de Ingenieros de Chile
Directora ejecutiva, INGAM Ltda.
