Ingenieros debatieron sobre el futuro de la educación superior en Chile

El pasado jueves 25 de junio de 2026, el Colegio de Ingenieros reunió a más de 100 participantes, cerca de 80 de forma online y una treintena presencialmente, en la charla»La Educación Superior en Chile al Pizarrón», un encuentro organizado por laEspecialidad de Comercial y Control de Gestión, que puso sobre la mesa los grandes desafíos del sistema universitario y técnico profesional del país. La actividad fue moderada por Christian Cancino, académico de la Facultad de Economía y Negocios dela Universidad de Chile, y contó con la participación de los ex ministros de Educación Harald Beyer (Profesor de la Escuela de Gobierno, Universidad Católica y ex ministro deEducación) y Lucas Palacios (Rector INACAP y ex ministro de Economía, Fomento yTurismo), quienes debatieron con datos, evidencia comparada y propuestas concretas de política pública. Asimismo, participaron todos los miembros del Consejo deEspecialidad, Luis Diaz, Liliana Quinteros, Patricio Latorre (quienes organizaron elevento), Teresa Collados, Manuel Gallo, Carlos Jeria, Hernán Fredes y Paulina Leighton, lo que muestra el compromiso e interés de todo el consejo.

Cinco nudos críticos, sin eufemismos

La conversación abordó en profundidad los problemas estructurales que frenan la modernización del sistema educativo chileno.
El primero fue la duración de las carreras universitarias. Con un promedio de 5 a 6 años,Chile tiene algunas de las carreras más largas de la OCDE, un fenómeno que no responde al azar sino a causas estructurales: un modelo heredado que exige que un solo título lo cubra todo (formación general, disciplinar, práctica y habilitación profesional),mallas curriculares diseñadas con criterio aspiracional más que pedagógico e incentivos institucionales que no penalizan la extensión… dijo Harald Beyer. Los expertos plantearon que avanzar hacia trayectorias más cortas requiere reformas legales, rediseño curricular basado en resultados de aprendizaje verificables, y una separación más clara entre el grado universitario y la habilitación profesional, como ocurre en la mayoría de los países desarrollados.

El segundo nudo fue la educación técnico-profesional, que pese a haber ganado visibilidad en el discurso público, sigue siendo percibida socialmente como una opción de segunda categoría.
El debate apuntó a que el estigma no es un problema de imagen sino de diseño sistémico. Por ejemplo, el financiamiento per cápita de un estudiante técnico es menor al de uno universitario, las mallas históricamente no ofrecían continuidad hacia la educación superior, y los itinerarios formativos entre CFT, IP y universidades son en la práctica casi inexistentes. Las propuestas concretas pasaron por equiparar financiamiento, construir puentes curriculares reales y avanzar hacia modelos de formación dual con participación efectiva del mundo empresarial.

El tercero fue el sistema de acreditación. La pregunta que estructuró esta parte del debate fue directa, ¿es la CNA un mecanismo real de mejora o se ha convertido en un trámite burocrático? La respuesta fue matizada pero crítica. Es decir, el sistema mide principalmente insumos y procesos (docentes con doctorado, infraestructura, políticas escritas) y muy poco resultados concretos de aprendizaje, mencionó Lucas Palacios.Eso abre espacio para que instituciones con recursos inviertan en «preparar»acreditaciones sin necesariamente mejorar la formación.

La dirección del cambiodebiera apuntar a pruebas estandarizadas por disciplina al egreso, seguimiento real detrayectorias laborales y mayor publicidad de resultados por carrera específica.

El cuarto fue el impacto de la inteligencia artificial y la automatización sobre los modelos formativos. ¿Tiene sentido seguir formando profesionales con mallas rígidas de cinco o seis años cuando e mercado laboral se transforma a una velocidad que la academia difícilmente puede seguir? La respuesta fue no, al menos no en su forma actual … aclaró Christian Cancino. El debate apuntó a la necesidad de rediseñar la arquitectura completa del aprendizaje: una formación fundacional más corta e intensa, complementada por módulos certificables a lo largo de la vida laboral, y una apertura estructural de las universidades al ecosistema productivo desde el primer año de formación, no solo en las prácticas terminales.

Un último nudo tratado fue el financiamiento. El esquema actual descansa fuertemente en el arancel (pagado por las familias o cubierto por el Estado vía gratuidad) y su sostenibilidad fiscal en el largo plazo está en cuestión. El debate abordó cómo debiera re distribuirse el costo entre el Estado, las instituciones y las familias, considerando que el modelo actual genera presiones crecientes sobre el presupuesto público sin que eso se traduzca necesariamente en mejores resultados educativos ni en mayor equidad real.

Una conversación que el país necesita

Lo destacable fue que los expertos de la charla no se quedaron en el diagnóstico, sino que entraron en propuestas concretas, con sus tensiones y costos políticos sobre la mesa. Hubo coincidencias, pero también matices que enriquecieron la discusión. El grupo de asistentes, presencial y virtual, respondió a la altura y planteó las preguntas pertinentes y exigentes, señal de que hay un apetito real por espacios de análisis riguroso, alejados de la trinchera ideológica que suele dominar el debate educativo en Chile.

Esta actividad forma parte de los ciclos de reflexión que impulsa la especialidad deIngeniería Comercial y Control de Gestión del Colegio de Ingenieros A.G., con el propósito de convocar a expertos con trayectoria y abrir conversaciones que contribuyan a formar criterio colectivo en quienes toman decisiones en empresas, directorios y política pública.